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Hoy dicté, quizás, la mejor clase que he podido dictar hasta el momento. En mi corta carrera como Jefe de Práctica nunca había sentido tanta satisfacción al saber que veintidós individuos totalmente diferentes entre sí participaban a viva voz en la discusión. El tema no era desconocido para los veintitrés presentes, el reconocimiento y sus niveles, desde la perspectiva de Honneth.

Lo que este autor propone es que existe en cada ser humano tres niveles fundamentales que merecen un reconocimiento adecuado y contextualizado según el tipo y la necesidad. El primer nivel de reconocimiento es el del “amor”. En esta esfera, lo que todo ser humano necesita es una base fundamental en la que se permita ir esbozando una identidad segura, confiada y que luego pueda reproducirse en los siguientes dos niveles. En este caso el planteamiento es básico y original. Se necesita crecer en un ambiente familiar adecuado, en donde las relaciones interpersonales no estén mediadas por nada, es decir, en donde el amor sea el vínculo primario que nos une; “ser sí mismo en otro”, dice Hegel. De esta manera, el reconocimiento en esta esfera, si se da de manera adecuada, logrará que podamos entablar relaciones interpersonales apropiadas.

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Cuando me encontraba terminando el post pasado me di cuenta de algo muy importante: ya lo bauticé polítco, ¿qué pasa con lo demás? Ante eso, he decido crearme otro. Sí, qué locura, de la nada (no cartucho) sino dos blogs. Bueno, el segundo blog que ignaguró hoy 17 de Septiembre del 2009 se llama No son uno sino son dos. En él habrá de todo, música, reflexiones antojadas y comida, mucha comida, que para los que me conocen, no debe ser novedad. Me está gustando esto de tener un blog de verdad y no solo uno mental.

Una de las principales razones por la que escribo es que realmente me encanta. Este blog va a representar para mí un forma de seguir buscando satisfacciones a través de la escritura.

Por otro lado, la razón principal por la que escribo este blog no tiene como exclusivo el tamiz creativo literal. Yo no quiero escribir cuentos, y los poemas no me salen muy bien. Desde hace no mucho he decubierto en mí algo que me sigue resultando fascinante, a pesar de que ya lo asumí y que es conocido por todos; me encanta la política, y quiero cambiar el mundo.

Sé que es un proyecto difícil, así que empezaré cambiando el Perú (je, al menos déjenme intentarlo). Mi proyecto se llama (Inter)Cultural porque eso es lo que más me gusta. Quiero hacer políticas (inter)culturales. Desde este momento, romperé silencio virtual, ya no solo atraparé a cualquier persona con la que me encuentro para contarles mis intenciones. Desde ahora escrbiré y espero así poder seguir avanzando. Para mí, los problemas (inter)culturales son problemas de todos, deseo entonces que todos los que quieran y puedan, contribuyan a la reflexión (y si se puede, a configurar una solución) de estos problemas.